Un policía irá a juicio acusado de gatillo fácil

04.Feb.07 :: En la prensa

Diario Clarín, 17/11/2003



ES POR LA MUERTE DE UN JOVEN DE 27 AÑOS, EN MORON

Creen que mató al joven sin motivo y luego quiso simular un enfrentamiento.

Rolando Barbano

Era una noche ideal para Rodrigo Corzo la de aquel viernes. Había logrado que su padre le prestara el coche, un Renault 19 gris, y su novia esperaba en Ituzaingó a que fuera a dormir con ella. La murga que integraba sonaba cada vez mejor y tenía todo listo para empezar a estudiar ingeniería en la UTN. Pero en apenas diez minutos se terminó todo para él: su andar les pareció sospechoso a dos policías, que se empeñaron en seguirlo desde un patrullero hasta que lo detuvieron a tiros.

Rodrigo murió a los 27 años, ya en la madrugada del sábado 28 de junio. Su caso acaba de ser elevado a juicio, con un oficial inspector de la Bonaerense acusado de homicidio y la sospecha de que hubo “gatillo fácil”. Según la acusación, al joven lo mataron sin motivo y además —se cree— le “plantaron” un arma para hacerlo pasar por delincuente.

El policía acusado por el homicidio se llama Cristian Solana, tiene 31 años y una mariposa tatuada en el pecho. Trabajaba en el Comando de Patrullas de Hurlingham, donde era “agente multiplicador”: hacía cursos de reentrenamiento y luego adiestraba a subalternos. Era “especialista en situaciones límite, como la identificación de personas o vehículos” y “un ejemplo entre la oficialidad”, de acuerdo a su jefe.

En la noche del viernes 27 de junio salió a recorrer los barrios Mitre y Textil (Morón) en el asiento del acompañante de un patrullero conducido por su subordinado, el sargento Ariel Núñez. Mientras, Rodrigo volvía a su casa de Villa Tessei después de jugar a la paleta, llamaba a su novia para avisarle que iría a verla y entraba a bañarse.

Se le hizo tarde. Salió de su casa a la 1.30 del sábado, con el coche del padre. Hizo unas cuadras y enseguida se cruzó en el camino del patrullero. El sargento Núñez dijo que apenas lo vio, el oficial Solana le ordenó seguirlo. “Hacía maniobras esquivas (…) tomaba por distintas calles, como yendo en escalera o en zigzag”, declaró el policía ante la Justicia.

Era lo que Rodrigo hacía siempre para ir a la casa de su novia: seguía un plano que le había hecho la chica con el camino más corto. El seguimiento duró diez minutos, durante los cuales los policías juran haber encendido las sirenas para obligarlo a parar.

Si es que sonaron, Rodrigo nunca las escuchó. Según los policías, al llegar al puente de Santa Rosa —sobre el Acceso Oeste— el coche del joven disminuyó la velocidad y un hombre saltó a la calle desde el asiento del acompañante. Esto nunca se probó. Tampoco lo que pasó después: Solana y Núñez dijeron que sintieron disparos y que por eso el oficial respondió con dos tiros.

Una de esas balas atravesó el baúl del auto de Rodrigo, su asiento y su espalda: lo mató en un suspiro. El sargento Núñez dijo que no vio exactamente cómo ocurrió esto porque tiene un problema: “Sufro de vértigo, pero lo oculto por mi trabajo. Cerré los ojos un poco para subir al puente”, declaró ante la Justicia.

Los policías rodearon el auto y, según declararon, encontraron un revólver calibre 22 adentro. Pero la forma en que se hizo el “hallazgo” no es clara y hay indicios de que “plantaron” el arma.

No es ésta la única pista. Los vidrios del auto de Rodrigo estaban cerrados e intactos: imposible que alguien haya disparado desde adentro. Además, se probó que desde el patrullero nunca avisaron al comando que les estaban tirando. Y encima, en el coche del joven apareció el plano para ir a lo de su novia. Cuando lo mataron, Rodrigo —estudiante de idiomas, empleado administrativo e integrante de la murga “Chinaka”— no se había desviado un metro de su camino.

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google