Juicio al Gatillo Fácil

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DIA DOS: EL MURO AZUL DE MENTIRAS

13.02.07

En la segunda jornada desfilaron por la sala varios policías, entre ellos el sargento Núñez, cómplice del homicidio. Saltaron a la luz contradicciones y mentiras evidentes que en nada ayudaron a la posición de la defensa del imputado.

El plato fuerte del día fue el testimonio de Ariel Horacio Núñez, el sargento que manejaba el patrullero en el que iba el oficial Solana. A preguntas del fiscal, contó su versión de la “persecución”, que, explicó, comenzó en un barrio “conflictivo”, en referencia a Villa Tesei, cuando avistaron un auto que “al verlos dobló en forma brusca”. Según el sargento, se reforzó su sospecha porque el auto se desplazaba en zig zag, esquivando las calles de tierra -nada más natural para quien conoce el barrio y prefiere circular sobre pavimento-.
Aunque lo omitió en su primera exposición de los hechos, Núñez terminó admitiendo que se había hecho amigo del encargado de la verdulería de la esquina de Gaona y la colectora, al comienzo del puente Santa Rosa, al que incluso había aconsejado por problemas “familiares con la señora”, y que en agradecimiento el verdulero “le hacía buen precio” en la mercadería. Es el testigo Da Silva, que cuando declaró ayer negó conocer a los policías, a los que prestó el indudable servicio de ser el único que escuchó disparos que no fueron los del patrullero.
El supuesto segundo individuo que según Núñez se habría arrojado del auto con una campera inflable azul fuerte ahora se convirtió en alguien que corría a la par del auto, alejándose de él, con campera azul o verde. No pudo explicar por qué siguieron al auto en lugar de ir tras la persona que de forma tan extraña se escapaba del lugar. Tampoco pudo dar razones de por qué no encendió el sistema de rastreo (AVL) de los patrulleros ni por qué no avisó por radio que les estaban disparando, de forma de alertar otros móviles que se acercaban.
Sobre su ya famoso vértigo, el sargento explicó que al subir el puente sufrió sudoración y palpitaciones, por lo que fijó la vista en el pavimento hacia la parte media de la calzada, y no miró hacia la derecha, donde estaba “el vacío”. Insistió con que desde el Renault hubo disparos hacia el patrullero, aunque dijo que no los vio.
Poco verosímil resultó el relato de una “persecución” durante la cual no hubo jamás una distancia de más ni de menos de 50 o 60 metros entre perseguidor y perseguido, no se superaron los 50 o 60 km. por hora, ni se pidió nunca al conductor del auto que se detuviera, ya que como dijo Núñez “al ver el patrullero, se interpreta que tiene que parar”.
Finalmente, y respecto del hallazgo de un arma en el auto que conducía Rodrigo, dijo bajo juramento que convocó a dos muchachos que estaban en la esquina de Santa Rosa y Zabala en cuya presencia, ya llegados al lugar los policías de Villa Ariza y Hurlingham, dijo que se abrió el auto y se encontró la pistola.
Sus dichos fueron puestos en duda por los testigos del supuesto secuestro, que dijeron que hubo un largo rato durante el cual los dos policías se quedaron solos cerca del auto antes de que los convocaran para presenciar su apertura, y fundamentalmente por el testimonio de los dos policías de Villa Ariza, el jefe de servicio y el de judiciales, que cuando llegaron al lugar encontraron a Solana y Núñez solos con Rodrigo muerto, y sobre el capot del auto, la pistola y la riñonera.
Los operadores de radios del Comando Patrullas de Hurlingham y de la Departamental Morón afirmaron que escucharon dos modulaciones de Núñez en un intervalo de pocos minutos: la primera anunciando un “seguimiento”, la segunda dando cuenta de su terminación, con un abatido. De que les dispararan en el medio, nada. En uno de los registros, en cambio, se consignó que un auto había colisionado y había un herido. El comisario y el subcomisario del comando (hoy ambos capitanes) explicaron que si personal policial es atacado con disparos debe comunicarlo por radio para no poner en peligro a los que se están acercando en apoyo.
Otros policías contaron que por radio se habló de dos NN dados a la fuga vestidos con ropa oscura, a los que por largo tiempo buscaron por el barrio.
En resumen, una jornada que dejó en descubierto que todo lo que se escribe en los libros policiales puede ser puesto en duda.
Núñez, antes de ser retirado del edificio del Tribunal en medio de un descomunal operativo del GAD (Grupo de Apoyo Departamental), con escudos de chapa y uniforme de combate, se quejó amargamente por el trastorno de ansiedad y la fobia social que sufre desde el homicidio de Rodrigo por culpa de los escraches, las marchas y los afiches que mencionan su participación en el encubrimiento.
Otro grupo especial de la bonaerense, el COE (Comando de Operaciones Especiales) fue el encargado de sacar del recinto al oficial Solana, sin que semejante despliegue salvara al camión de los tomatazos y consignas de los familiares que durante todo el día montaron guardia frente al Tribunal, a pesar del vallado semicircular con el que trataron de mantenernos alejados.


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