Desorientaciones y huidas

14.Feb.07 :: En la prensa

RedEco - 14/02/07



Desorientaciones y huidas

Hoy se llevó a cabo la última audiencia testimonial en el juicio por el asesinato de Rodrigo Corso. El viernes los abogados de ambas partes leerán sus alegatos y el Tribunal definirá el día de la sentencia.

(Fabiana Arencibia-Red Eco) Buenos Aires- La jornada de hoy estuvo signada por testimonios contradictorios, un abogado defensor desorientado y su defendido huyendo a la salida del Tribunal. El oficial Cristian Alfredo Solana debió esquivar las balas del dolor y las consignas de la bronca.
Al igual que lunes y martes, el acusado de asesinar al joven Corso, tuvo que ser escoltado desde la salida del tribunal hasta la camioneta policial que lo traslada, en medio de los objetos que le arrojaron los familiares y amigos de Rodrigo.
En la jornada declararon seis personas. Los testimonios fueron contradictorios como muchos de los que se escucharon durante este juicio. Pero entre el fiscal y la abogada de la familia Corso, fueron dejando en evidencia las contradicciones de varios de los que declararon.
Por su parte la defensa trató de probar que el “operativo” realizado ese día fue según las normas que deben cumplirse en estos casos: informar por radio de la existencia de un sospechoso y darle señales de que lo están siguiendo a través del encendido de la sirena y las balizas de móvil policial.
“Este dato es importante para la defensa, para probar que hubo un aviso de parte del patrullero, que se distinguió, como para determinar que hubo una persecución. Esto es lo que ellos pretenden sostener”, comentó a Red Eco Silvia Góngora, abogada de Correpi.
Sin embargo en casi lo único que coincidieron todos los testigos fue en que el auto de Rodrigo iba despacio, con el motor acelerado, y que nunca estuvo a una distancia mayor a 60 metros del móvil policial.
A modo de síntesis de estos tres días de testimonios, la abogada manifestó que “Para nosotros fue favorable el hecho de aquellos testigos que se presentaron espontáneamente y destacaron la poca velocidad que llevaba el vehículo (de Rodrigo) cuando vieron aparecer al patrullero”. Esto aporta un elemento importante para descartar que el joven estaba huyendo de la persecución policial.
Ayer, había declaró el sargento Ariel Horacio Núñez, cómplice del homicidio. Sobre su supuesto vértigo, explicó que al subir el puente “sufrió sudoración y palpitaciones” por eso tuvo que mirar hacia el pavimento. Insistió con que desde el Renault hubo disparos hacia el patrullero, aunque dijo que no los vio. Nunca se le pidió al conductor del auto que se detuviera. Como dijo Núñez “al ver el patrullero, se interpreta que tiene que parar”.
La abogada María del Carmen Verdú afirmó a Red Eco que “en general, quedó absolutamente comprobado que esa noche hubo solamente disparos policiales y que con posterioridad a que el auto se detuviese con Rodrigo ya muerto, hubo algún tipo de actividad de los dos policías, Solana y Nuñez, sobre el auto antes de que llegara el resto del personal policial. Esto fue ratificado por los propios policías que ven sobre el capot del auto la pistola y la riñonera supuestamente incautadas dentro del Renault (y que después en las actas aparecen como si esa diligencia se hubiese hecho en presencia de los testigos recabados con posterioridad y por el personal que llegó luego). Solo esos dos hechos acreditan por un lado el homicidio y por el otro lado el encubrimiento”, afirmó la abogada de Correpi.
El abogado defensor pidió un día para preparar su alegato, con el argumento de que los testimonios orales de estos tres días han traído elementos nuevos para su análisis.
Sin embargo los motivos reales fueron sintetizados por la doctora Verdú en cinco palabras: “Porque algo tiene que inventar”.

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