DIA CUATRO: LOS ALEGATOS

16.Feb.07 :: Diario del Juicio

El viernes desde las 9:00 se escucharon en la sala de audiencias los alegatos de las partes.



El fiscal Patricio Pagani hizo una prolija reconstrucción de los testimonios y pericias incriminantes, y concluyó acusando al oficial Solana por el delito de homicidio simple con varias circunstancias agravantes, entre ellas el uso de arma de fuego y su condición de policía. Coincidiendo en buena medida con lo que luego plantearía la compañera de CORREPI que representa a la familia Corzo, destacó que no hay forma de encuadrar lo actuado por Solana en la legítima defensa o el legítimo cumplimiento del deber, ni tampoco el “exceso” de cualquiera de ellos, y finalmente pidió la pena de 20 años de prisión para Solana, y que se investigue la comisión del delito de falso testimonio por parte del sargento Núñez.
Luego nuestra compañera María del Carmen Verdú habló por la familia, detallando cómo ocurrieron los hechos, y haciendo especial hincapié en la maniobra, posterior al asesinato, de los policías Solana y Núñez para dibujar un enfrentamiento donde sólo hubo un fusilamiento.
“A contramano de lo que tantas veces sucede, aquí ha quedado claro que la muerte de Rodrigo Corzo fue un fusilamiento, sin que concurran excusas, justificaciones ni atenuante alguno”, comenzó la compañera. Sobre el “hallazgo” de un arma en el auto de Rodrigo, sostuvo la abogada de CORREPI: “Dijo el sargento en esta sala que su superior, después de mirar dentro del auto, le gritó “¡Está Limpio!”, ante lo que él salió corriendo hacia la patrulla. Dijo que fue a pedir bomberos, ambulancia, y que bajaran sus superiores. Esta parte tiene por seguro que, además, fue a buscar lo necesario para resolver lo que el oficial le había avisado. El muerto estaba limpio, y había que ensuciarlo. Solana se agarró la cabeza cuando su subordinado dijo esa frase. Núñez se dio cuenta del fallido, y lo trató de arreglar diciendo que es la expresión que usa la policía para referir que en el auto no había otra persona más que el herido, y que éste no estaba en condiciones de atacarlos. Absurdo. Está limpio quiere decir eso, está limpio. Si vamos a hablar de expresiones del argot policial, hablemos de perros, por ejemplo. El arma, generalmente de baja calidad, algo estropeada y producto de algún secuestro no blanqueado, que se planta justamente cuando el muerto, para más datos con un tiro por la espalda, está limpio. Esa Bersa es tan perro que sólo le faltó ladrar en la sala”.
Finalmente, y enumerando las circunstancias agravantes, en nombre de Narciso y Eli Corzo la compañera pidió que se inicie una nueva causa contra Núñez por encubrimiento y falso testimonio, y que se condene a Solana a 20 años de prisión.
Antes de terminar, manifestó: “no estamos en este caso frente a la comisión de un delito que simplemente vulnera un derecho individual, aunque en el caso sea el más preciado, el derecho a la vida. El crimen del oficial Solana, en tanto miembro de la policía, es un crimen de estado, y constituye una violación a los derechos humanos. Esta afirmación es doctrina legal en Argentina, desde que la Corte Interamericana de DDHH, órgano jurisdiccional superior a nuestra Corte Suprema, así lo dictaminara en el caso Bulacio. Es sobre un crimen de estado que este tribunal deberá dictar sentencia, un crimen en el que un individuo, miembro de una agencia de seguridad del estado, mató e intentó ganar la impunidad con los recursos y al amparo del estado. No sólo Rodrigo Corzo y su familia son las víctimas en autos. Es la sociedad, la humanidad toda, la que fue victimizada por el proyectil que atravesó el corazón de Rodrigo. Solana mató a Rodrigo, pero nos agredió a todos, y su mano homicida al apretar el gatillo fue la mano del estado”.
Afuera de la sala, a pesar de la lluvia y los cada vez más numerosos policías, la militancia antirrepresiva, los compañeros de la Chinaka Murguera, de la Coordinadora Antirrepresiva del Oeste, de CORREPI y los familiares mantenían el cerco al tribunal. Especialmente emotivo fue que Estela Velázquez, mamá de Matías Barzola, estuviera toda la jornada con sus compañeros de CORREPI, cuando ayer nomás despedimos los restos de su marido Julio en el cementerio de Lomas de Zamora. “Acá es donde Julio hubiera querido que yo estuviera”, dijo Estela. “No en mi casa, llorando sola”.
Seguramente previendo que el día de la sentencia la concurrencia será importante, el tribunal decidió dar lectura al veredicto en al sala de audiencias de la Unidad Penal 39 de Ituazingó, en Pringles y Acevedo.

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